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MANUEL PUIG (1932 – 1990)


Novelista argentino que a través de su afición por el cine y el uso paródico del habla coloquial creó una singular literatura. Fascinado por el séptimo arte, se vinculó en Buenos Aires a las vanguardias artísticas. La influencia del cine sobre su narrativa no es sólo de orden técnico sino también social y ambiguamente temático, y sirve al autor como marco y modelo que encuadran sentimentalmente la cursilería de la pequeña clase media. Dos rasgos merecen añadirse: el original enfoque del autor, que es implacablemente objetivo y de un humor ambiguo, y su predilección por personajes femeninos. Es autor de “La traición de Rita Hayworth” (1968), "Boquitas pintadas" de 1969 o "El beso de la mujer araña", novela editada en 1976.
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¿SABÍAS QUE…?


La primera mujer en gobernar un país musulmán fue la política pakistaní Benazir Bhutto, quien en 1988 se convertirá en la primera mujer en gobernar un país musulmán en la historia contemporánea.
En las que fueron las primeras elecciones democráticas en Pakistán en más de una década, el 16 de noviembre de 1988, el Partido Popular de Pakistán liderado por Benazir Bhutto ganó la mayoría de los escaños en la Asamblea Nacional. El 2 de diciembre de 1988, tras la victoria de su partido, de tendencia socialdemócrata, Benazir Bhutto fue elegida Primera Ministra de su país, pasando a ser la primera mujer —y el mandatario más joven a la edad de 35 años— en conducir los designios de un país musulmán. 
Tras apenas dos años en el poder, en agosto de 1990 fue destituida por el presidente de la República Ghulam Ishaq Khan, bajo acusaciones de corrupción y violación de la Constitución. 
El magnate pakistaní Nawaz Sharif la sucedió en el poder. 
En las elecciones celebradas en octubre de 1993 presentó su candidatura de nuevo y el PPP ganó por mayoría simple. Bhutto se convirtió otra vez en jefa de un gobierno en coalición. 
Bajo nuevas acusaciones de corrupción, de mala gestión económica, y de deterioro de la seguridad pública, su gobierno fue derrocado en noviembre de 1996 por el presidente Farooq Leghari. 
Documentos franceses, polacos, españoles y suizos apoyaban las acusaciones de corrupción en contra de Bhutto y su esposo Asif Ali Zardari y los dos tuvieron que hacer frente a un buen número de procedimientos legales. Su esposo pasó ocho años en prisión condenado por cargos similares de corrupción.
La reforma constitucional pakistaní del año 2002 prohíbe que un primer Ministro ocupe el cargo dos legislaturas, esto impidió a Bhutto volver a acceder al cargo.
Nacida en Karachi (Pakistán) en 1953, e hija del ex presidente y primer ministro Zulfikar Ali Bhutto, en 2007 fue asesinada a la edad de 63 años durante una manifestación política del Partido Popular de Pakistán en Rawalpindi. Había vuelto a su país tras ocho años de exilio en Londres y Dubái y sólo llevaba 70 días en suelo pakistaní.
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DIFERENCIA ENTRE ‘GEEK’, ‘FRIKI’ Y ‘NERD’


El término geek en castellano hace alusión a los usuarios miembros de una nueva "élite cultural" obsesionada con las nuevas tecnologías y los ordenadores. Jon Katz afirmó en cierta ocasión que “la mayoría de los geeks se sobrepusieron a un sistema educativo sofocantemente tedioso, donde estaban rodeados de valores sociales detestables y compañeros hostiles, para terminar creando la cultura más libre e inventiva del planeta: Internet y la World Wide Web”.
El término original en inglés geek tiene un significado más amplio y equivalente al término español friki. Por su parte, friki es una palabra que procede del inglés freak y significa extraño, extravagante, estrafalario, y que originalmente se usaba para personas con malformaciones o anomalías físicas (significado que aún conserva en inglés). Hoy, los frikis son personas que se dedican con pasión, incluso con cierta obsesión, a temas, aficiones o hobbies "poco comunes". En cuanto a los nerds, en castellano sus equivalentes serían los términos "cerebrito" o "empollón".
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¿ES SALUDABLE LA DIETA VEGANA?


Una dieta vegana, sin alimentos de origen animal, previene la obesidad y la diabetes, pero también expone a sufrir graves carencias.
Los Adventistas del Séptimo Día son un grupo religioso cristiano protestante nacido en Estados Unidos en el siglo XIX. La mayoría de sus 15 millones de miembros practican una dieta vegana, libre de alimentos de origen animal. Por eso, ofrecen un excelente campo de estudio sobre las consecuencias para la salud de este régimen alimenticio. El médico Michael J. Orlich y sus colegas de la universidad californiana de Loma Linda reunieron datos de 73.308 hombres y mujeres de este colectivo y concluyeron que estas personas tienden a vivir más, beber menos alcohol, fumar menos y lucir una siluetas más esbeltas. Pero cabe recordar que ese centro educativo pertenece a... la Iglesia adventista.
Investigaciones recientes (sin rastro de adventistas) prueban que la dieta vegana frena la hipertensión, previene la obesidad y la diabetes y reduce la incidencia de ciertos tipos de cáncer, especialmente la del de próstata, que disminuye hasta en un 35 %. Pero un estudio publicado en la revista Journal of Agricultural and Food Chemistry indica que limitar la alimentación a frutas, verduras, cereales, legumbres y frutos secos eleva considerablemente el riesgo de sufrir un déficit de nutrientes esenciales. Principalmente de vitamina B12, hierro, calcio, vitamina D y ácidos grasos omega-3. Estas carencias predisponen a sufrir anemias crónicas, coágulos sanguíneos y arteriosclerosis –endurecimiento de las arterias– que pueden desembocar en problemas cardíacos y de otro tipo. Ahora, la decisión acerca de lo que debes comer es tuya.
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NELSON MANDELA (1918 – 2013)


Activista y político sudafricano que lideró los movimientos contra el apartheid y que, tras una larga lucha y 27 años de cárcel (1962-1990) presidió el primer gobierno que ponía fin al régimen racista (1994-1999). Elevado a la categoría de uno de los personajes más carismáticos e influyentes del siglo XX, su figura ha entrado en la historia como encarnación de la lucha por la libertad y la justicia y como símbolo de toda una nación. El siglo XX dejó dos guerras mundiales, los campos de exterminio y el terror atómico, pero también grandes campeones de la lucha contra la injusticia, como Mahatma Gandhi o Martin Luther King. El último y más carismático de ellos fue Nelson Mandela.

Día Internacional de Nelson Mandela. 
Por la paz, la democracia y la libertad.
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DE CIENCIAS


Georges Lemaitre (1894–1966), célebre astrónomo y sacerdote que al estudiar la teoría de Edwin Hubble acerca de la expansión del Universo, formuló, en 1931, que el universo se originó en la explosión de un "átomo primigenio" o "huevo cósmico", un punto de enorme densidad que al explotar fue origen de la expansión y la creación de materia. Dicha teoría de la explosión es ahora conocida con el nombre de "Big Bang". Más adelante estimó que la edad del Universo sería de entre 10 y 20 mil millones de años.



Jules Henri Poincaré (1854–1912), prestigioso matemático cuya creación más notable fue dentro de la Topología (propiedades de las figuras con independencia de su tamaño o forma), con su estudio general sobre la continuidad.
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ILIÁ MECHNIKOV (1845 – 1916)


Considerado el padre de la ciencia de la inmunología, el biólogo ruso y premio Nobel de Medicina en 1908 formuló en 1884 su "Teoría de la fagocitosis", explicando la capacidad del cuerpo humano para resistir y vencer las enfermedades infecciosas, base de la teoría inmunológica. Defendió el consumo de las bacterias del ácido láctico para prevenir y tratar la putrefacción intestinal al estimular el peristaltismo intestinal. que Esto dio origen a una verdadera revolución en el campo de la inmunidad e infección. Merecen recordarse también sus trabajos sobre la senilidad, la cual consideraba un proceso de intoxicación crónica.
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ASÍ SE EMPLEABA EL HÍGADO PARA ADIVINAR EL PORVENIR


Se dividía el hígado en dos mitades con 16 zonas distintas, la misma división que hacían del cielo los etruscos. 
Ya existía en Mesopotamia y Grecia, pero la práctica de consultar las entrañas de los animales para adivinar el porvenir la tomaron los romanos de los etruscos y fue aceptada oficialmente por el Senado en el siglo II a.C.
Los arúspices (de ara, altar, e inspiciare, examinar) inspeccionaban los órganos internos de un animal recién sacrificado, preferentemente un gallo o un cabrito. Miraban los dos lóbulos del hígado, la vesícula biliar, las venas y conductos.
En general, las señales que se veían en el lado izquierdo eran de mal augurio y las del derecho, de bueno. Se observaba el color, el aspecto y la posición del hígado, pero tampoco existía una correspondencia exacta.
De hecho, según cita el profesor Santiago Montero de la Universidad Complutense de Madrid, Cicerón se preguntaba hasta qué punto “los arúspices habían contrastado entre sí sus observaciones para establecer la parte de la víscera que es enemiga y la parte que es familiar”. Montero también escribe que filósofos como Posidonio explicaban la hepatoscopia porque el poder divino “guiaba en la elección de la víctima, mientras la naturaleza podía intervenir produciendo cambios en las vísceras de los animales”, aunque la intervención divina fue discutida. 
En la época de Augusto, la mayoría de los romanos creían en la hepatoscopia etrusca, pero se criticaba mucho la griega. 
Por ejemplo, se acusaba a Alejandro Magno de mandar imprimir unas letras en las manos de los adivinos, para que al tocar las entrañas se quedaran pegadas a ellas y le dieran los augurios convenientes.
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4 MITOS QUE COMPARTEN CASI TODAS LAS RELIGIONES


Las grandes religiones universales y otras más minoritarias tienen varios mitos en común. Descubre los más importantes. 

El Diluvio Universal
La historia del Arca de Noé recogida en el Génesis no es original. Muchos autores creen que se inspira directamente en la Epopeya de Gilgamesh, uno de los mitos mesopotámicos más icónicos (siglo XIV a.C.). Las escrituras védicas también recogen un diliuvio y Bartolomé de las Casas da noticia de un mito semejante entre el pueblo maya de los kekchí, entre otros.
Lo comparten las siguientes religiones: cristianismo, judaísmo, hinduísmo, creencias mayas y aztecas y cultos mesopotámicos.

El Jardín del Edén
El mito cristiano y judaico por antonomasia describe el Edén y su paradisíaco jardín, elegido por Dios para que Adán hubiera vivido en una felicidad perfecta de no haber desobedecido sus órdenes. Este mito incendió la imaginación de aventureros y exploradores, que durante mucho tiempo le otorgaron credibilidad. Pero se repite en otras creencias: la mitología sumeria describe el reino del dios Enki, que creó a los humanos en un vergel para luego, decepcionado, proceder a su expulsión. Y el mito, con variaciones, es mencionado numerosas veces en el Corán.
Lo comparten las siguientes religiones: cristianismo, judaísmo, cultor mesopotámicos y el islam.

Del fin del mundo al cielo…
Mitos escatológicos
Los cristianos asocian el fin de los tiempos con la parusía, la segunda venida de Cristo (precedido por el Anticristo). En el budismo, el personaje encargado de iniciar una era de paz tras el desastre es Maitreya, mientras que los judíos esperan al Mesías que reconstruirá el Templo de Jerusalén. El mito tiene eco también en religiones paganas: el Ragnarök es la temida batalla del fin del mundo para los nórdicos.
Lo comparten las siguientes religiones: budismo, hinduísmo, islam, cristianismo, judaísmo, mitología nórdica.

El cielo
El cielo es uno de los pilares de la mitología cristiana, pero está presente asimismo en muchas religiones paganas. Es el Mictlan de los aztecas y para los griegos era el Olimpo, donde habitaban sus dioses, y también el Elíseo, morada final de los más afortunados. El equivalente al Olimpo para los nórdicos era Asgard, y sus valientes guerreros muertos en combate ascendían al Valhalla.
Lo comparten las siguientes religiones: cristianismo, mitología griega, cultos mesoamericanos, mitología nórdica.
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ISABEL LA CATÓLICA Y SU GUSTO POR LOS VENENOS


La implacable carrera de Isabel hacia el poder estuvo jalonada por una serie de muertes inesperadas y siempre rodeadas por las insidiosas sombras de la sospecha.
Símbolo de toda la época, el veneno se cierne sobre una trayectoria personal tantas veces mitificada. El gran interrogante lo ponía, en cada caso, el hecho de que quienes morían eran escollos en su imparable ascenso. Fue Pedro Girón, maestre de Calatrava y uno de los más turbulentos personajes del momento, el primero de estos providenciales muertos.
Pactado con Enrique IV, su matrimonio con Isabel era rechazado por los partidarios de ésta y prácticamente en vísperas de la boda, en mayo de 1466, moría de repente en muy discutidas circunstancias. El segundo fue el infante Alfonso, el que había sido proclamado rey en la Farsa de Ávila y que murió inesperadamente, en julio de 1468, tras haber cenado unas truchas que despertaron todas las suspicacias.
Ya solamente quedaba el último obstáculo, que desapareció en diciembre de 1474 al morir en Madrid Enrique IV. Lo repentino de su fallecimiento también levantó multitud de oscuras suposiciones. Como en los otros casos, nada se hizo por investigar los hechos. Los millares de muertos anónimos de la guerra que la flamante reina abría entonces ya no iban a ser obstáculo alguno para su empeño.
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EL ORIGEN DEL NOMBRE DEL 'BOURBON'


Este tipo de whisky destilado del maíz nació en un condado de Kentucky con ese nombre, que a su vez deriva de la Casa de Borbón. 

El 14 de junio de 1789, se puso a la venta por primera vez en Estados Unidos un tipo de whisky llamado bourbon destilado a partir de maíz, malta y centeno, con un característico sabor acaramelado. Este licor dulzón, que madura durante cinco años en barricas de roble, se hizo enseguida muy popular en la nación americana, que acababa de conquistar su independencia. Su primer productor conocido fue el reverendo Elijah Craig, que en 1789 abrió una destilería en el condado de Fayette (Kentucky), si bien no hay pruebas fiables de quién fue su inventor. Lo más probable es que se tratase de algún campesino sureño que buscara aprovechar los excedentes de mazorcas de maíz tras varios años de grandes cosechas. 

El whisky de maíz fue bautizado con el nombre de otro condado cercano, el de Bourbon, donde pronto empezó a producirse a gran escala. Lo curioso es que ambos nombres geográficos, Fayette y Bourbon, eran homenajes al mismo personaje histórico: Gilbert du Motier, marqués de Lafayette (1757-1834), un aristócrata francés emparentado con la Casa de Borbón (en inglés, House of Bourbon). Lafayette, como es conocido en Estados Unidos, fue una figura fascinante, un noble y militar cuyo prestigio se forjó en la Guerra de la Independencia americana, en la que combatió junto a sus grandes amigos George Washington, Alexander Hamilton y Thomas Jefferson cuando apenas contaba veinte años. 

En 1787, Lafayette regresó a Francia y allí tuvo una participación destacada tanto en los Estados Generales que dieron lugar a la Revolución de 1789 como en la subsiguiente redacción de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. No obstante, en 1792 cayó en desgracia ante los revolucionarios radicales, hubo de huir, fue arrestado en Austria y pasó cuatro años en prisión. Liberado por Napoleón, se negó sin embargo a formar parte de su gobierno, aunque luego sería diputado liberal tras la restauración borbónica. Diez años antes de morir, en 1824, fue invitado por el presidente Monroe a una gira por EEUU, en la que sería aclamado como "el héroe de los dos mundos"... y tal vez probase el bourbon con el que se hallaba lejanamente emparentado.

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LOS MISTERIOS DEL 'DÉJÀ VU'


'Esto ya lo he vivido antes'. Nos introducimos en el concepto de dèjá vu. ¿Qué es? ¿Por qué se produce?
La mayoría de nosotros, en algún momento de nuestra vida, hemos experimentado la sensación de reconocer una experiencia nueva como si ya la hubiésemos vivido antes, un déjà vu (ya visto en francés). 'Esto ya me ha pasado', 'esto ya lo he vivido antes'... Se trata de una circunstancia bastante extraña pero, ¿qué es exactamente un dèjá vu? 
Pese a que casi dos tercios de la población afirma haber experimentado un dèjá vu, se trata de un fenómeno difícil de precisar y existen varias teorías al respecto, que se mueven entre los campos de la neurociencia y la psicología. Ninguna de ellas contiene todas las respuestas, pero cada una nos ofrece una oportunidad única para deleitarnos con la complicada experiencia de la conciencia. 
Según la neurociencia, los déjà vu tienen lugar cuando las regiones frontales del cerebro están examinando nuestros recuerdos en busca de algún error en la memoria. El cerebro, al intentar resolver el conflicto entre la sensación de recordar algo y reconocer que aún no lo hemos experimentado, lo atribuye a una señal errónea de la memoria. 
Otra teoría expone que este flashback quizá es producto de que la escena que vivamos en ese momento nos resulte muy parecida a otro momento que recordamos, aunque vagamente -no prestamos mucha atención probablemente-, y por eso tenemos esa sensación de 'haber vivido esto anteriormente'.
Como decimos, ninguna de las teorías propuestas ha podido ser probada y, en realidad, todas podrían tener alguna o ninguna verdad sobre el asunto. Aunque los lóbulos temporales parecen estar involucrados, realmente no hemos avanzado mucho en la comprensión de por qué ocurre este fenómeno omnipresente e inquietante.
Por ahora, sigue siendo uno de los misterios sin resolver más fascinantes de la biología humana.
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¿TIENE FUTURO ESCRIBIR A MANO?



La eclosión de pantallas y dispositivos táctiles amenaza con extinguir el viejo arte de escribir con bolígrafo, lápiz o pluma. ¿Qué consecuencias tendría? 
La noticia saltó a finales de 2014, y las redes sociales la extendieron por todo el planeta antes de que nadie tuviera tiempo de examinarla con detenimiento: Finlandia, un paradigma en cuanto a la solidez y eficacia de su sistema educativo, iba a eliminar la escritura a mano de sus enseñanzas escolares. Los alumnos dejarían de usar el lápiz y el bolígrafo y, en su lugar, aprenderían directamente a teclear. Las alarmas estallaron en los centros educativos de todo el orbe: por primera vez, un país desechaba un conocimiento básico en la infancia. El hecho de que Finlandia hubiera sido además durante muchos años el epicentro mundial de la telefonía móvil fue la guinda para identificar la victoria definitiva de la invasión digital. 
La información no tardó en ser desmentida por el propio Instituto Nacional de Educación finés: en aquel país se enseñaban dos sistemas de caligrafía, la simplificada y la de letra de imprenta. Los cambios consistían en dejar a la primera como asignatura optativa, mientras que la segunda se continuaría impartiendo. Lo que sí era cierto es que la mecanografía pasaría a ser nueva materia académica. Aclarado el malentendido, llegó el momento de la reflexión. ¿Habría alcanzado esa noticia tanta relevancia si no alimentara unos temores que llevan latiendo desde hace años y que tienen base en los cambios con que nos zarandea sin descanso la sociedad dospuntocero? Pensar que la escritura a mano está condenada a muerte no es una extravagancia. Sobre todo porque hay gente luchando para que desaparezca.
Una de las caligráfobas más activas en la actualidad es la profesora y editora norteamericana Anne Trubek, que ha pisado ampollas con la publicación de su libro The History and Uncertain Future of Handwriting (La historia y el incierto futuro de la escritura a mano). Después de un extenso repaso a su historia y su indiscutible importancia en el desarrollo de la humanidad, Trubek llega a la conclusión de que nos aferramos a ella por motivos más sentimentales que prácticos.
En sus artículos no duda en abogar por la erradicación de la caligrafía en los colegios, y tras describir de qué manera sufre su hijo por intentar trazar con corrección la G, declara: "Dejemos de brutalizar a nuestros niños con años de ejercicios sobre cómo debe escribirse una ese mayúscula; la escritura a mano es un parpadeo en la larga historia de las tecnologías de la escritura, y ya es hora de tirar a la basura esta manera artificial de plasmar las letras, igual que hicimos con las tablas de arcilla, las señales de humo y otros inventos de la Antigüedad".
Brubek no está sola: sus argumentos coinciden con los de algunos apóstoles de la sociedad digital, quienes han manifestado que no ven el momento en que el papel, las pizarras y los bolis desaparezcan en beneficio del teclado y cualquier otro sistema que permita ganar en velocidad y conectividad. Otros van incluso más allá, y proponen la desaparición de todo tipo de escritura: es el caso del periodista tecnológico norteamericano Clive Thompson, que defiende los mensajes de voz y el dictado como mejores y exclusivos canales de creación y comunicación.

La resistencia de los cuadernos
¿Hasta qué punto tienen razón? Hay dos hechos innegables. En primer lugar, desde que comenzó a trazar los primeros signos gráficos, el ser humano no ha cesado de utilizar este conocimiento. Y por otra parte, cada vez que ha aparecido un nuevo soporte o sistema que hacía más fácil la tarea de escribir, casi todo el mundo dejó de lado el viejo. La expresión manuscrita ya se vio amenazada por el teléfono y la máquina de escribir hace 150 años; y de hecho, su uso disminuyó en beneficio de esas dos innovaciones, aunque nadie se planteó en serio su desaparición.
Hoy día, entre la gente que escribe –que no es todo el mundo: el 17 % de la población global, alrededor de 775 millones de personas, es analfabeta según datos de la UNESCO–, sería muy difícil encontrar a alguien que lo hiciera exclusivamente a mano. Y sin embargo los cuadernos y los folios se resisten a desaparecer. Es posible hallarlos incluso en muchos ambientes profesionales plenamente integrados en el mundo digital, desde el despacho de un alto directivo a la mesa de un experto en redes sociales o un consultor de comunicación. Todos coinciden en que, aunque luego puedan o no volcarlo en el ordenador, apuntan a mano las cosas importantes, porque "así se recuerdan mejor".
Apuntar, trazar o esquematizar se suelen asociar con la creación, pero tiene otros muchos usos. De hecho, los primeros documentos escritos hallados, pertenecientes a la civilización sumeria, no tienen nada de literario: son anotaciones de contabilidad sobre grano y cabezas de ganado, registrados en escritura cuneiforme –sobre tablillas de arcilla, mediante un punzón vegetal con forma de cuña– hace unos 5.000 años.
Con la creación de los primeros asentamientos humanos permanentes, que evolucionarían hasta formar ciudades, determinadas áreas del comercio y la administración comenzaron a hacerse demasiado grandes como para retenerlas en la memoria. Por supuesto, la técnica no estaba al alcance de todo el mundo, y solo se podía aprender en las rigurosas escuelas de escribas. Pero quien la dominaba tenía asegurado un empleo de por vida, y no uno cualquiera: traspasar a un soporte sólido los edictos, leyes y cuentas de los más poderosos, muchos de los cuales –desde reyes y faraones a cortesanos– no consideraban necesario aprender.
Ya por entonces, quienes se ganaban el sustento escribiendo no les hacían ascos a las novedades que, poco a poco, fueron llegando. Grabar signos con plumillas de caña era un proceso lento y trabajoso, así que nadie las echó de menos cuando en Egipto aparecieron las primeras hojas, tintas y plumas.
Sus papiros y, luego, los pergaminos quedaron atrás en el instante en que el secreto del papel, inventado por los chinos en el siglo II, pasó al mundo árabe en el VIII y, de ahí, a Europa. En su Historia de la escritura, el calígrafo británico Ewan Clayton sitúa una de las primeras fábricas europeas de ese soporte revolucionario en la localidad valenciana de Játiva, en el año 1120. Cabe pues preguntarse si el cerebro de aquellos primeros profesionales de la escritura experimentó algún tipo de evolución como consecuencia de su conocimiento.
"Cuando se escribe a mano se activan fundamentalmente tres regiones: el área motora, que es lo normal, porque estamos haciendo un movimiento con la mano; zonas relacionadas con la visión, como el giro fusiforme; y regiones asociadas a aspectos cognitivos, que están en la corteza parietal posterior", explica Carlos Tejero, miembro de la Sociedad Española de Neurología. En ese caso, no les faltaron a los antiguos escribanos oportunidades de estimulación, ya que el aprendizaje de su oficio, ya desde los tiempos de los sumerios, era un proceso largo y laborioso, y no mejoró con el paso de los siglos.
Como contaba el poeta y ensayista francés Georges Jean (1920-2011), la tarea de escribir correspondía en la Europa de los siglos XII y XIII a los calígrafos, cuya formación comenzaba por los trabajos sencillos –trazar rayas o preparar los colores– y se prolongaba durante siete años. Al final, el alumno confeccionaba su propia obra, que sería juzgada por su maestro y sus compañeros. Se les recomendaba que, para conservar el pulso firme, evitasen todo exceso de buenas comidas o bebidas, las relaciones demasiado frecuentes con las mujeres y los trabajos pesados.

La buena letra, signo de distinción
Todavía en el siglo XVIII, muchas personas aprendían a leer, pero no a escribir, y el porcentaje de hombres alfabetizados superaba en mucho al de mujeres. Eso sí, se cuidaba enormemente la caligrafía, pues si escribir era propio de gente instruida, hacerlo además con buena letra les otorgaba un símbolo de distinción. Para quienes no podían acceder a estos conocimientos estaban los escribientes, que se establecían en las calle con sus útiles de trabajo y leían o redactaban cartas para el amplio porcentaje de población analfabeta.
¿Y los literatos? Lógicamente, utilizaban las mismas herramientas que el resto, aunque la imagen romántica del escritor arañando pacientemente el papel con su pluma de ave no se sostiene en cuanto se consideran algunos acontecimientos. Por ejemplo, cuando la casa Remington –la misma de los rifles– lanzó sus primeras máquinas de escribir en 1874, uno de sus primeros compradores fue el norteamericano Mark Twain. Con ella mecanografió Las avecadas, ya con máquinas más asequibles y perfeccionadas, fue haciéndose popular la figura del creador en un estudio lleno de humo de cigarrillos, ametrallando con vigor su teclado. Pero algunos se seguían resistiendo, al menos en sus primeros borradores: Truman Capote (1924-1984) y Georges Simenon (1903-1989) los garabateaban a lápiz antes de pasarlos a máquina; el segundo se aseguraba de tener siempre sobre la mesa un buen número de lápices bien afilados, con el fin de no interrumpirse sacándoles punta. 
Los primeros bosquejos de Robert Graves, el autor de la novela Yo, Claudio (1934), son un batiburrillo indescifrable de frases sueltas, recuadros, apuntes y tachaduras, realizadas con pincel. Graves, como otros muchos de la época predigital, recurría a un secretario o a un servicio de mecanografía profesional para que le pasaran los textos a limpio. Y aún hubo otros que solo dictaban, bien a un asistente o bien a una de las primeras máquinas grabadoras, llamadas entonces dictáfonos.
No hay que extrañarse entonces de que escritores de todos los géneros acogieran con entusiasmo el ordenador –o, mejor dicho, una de sus primeras aplicaciones de software: el procesador de textos– tan pronto como llegó a los mercados. De todos modos, Isaac Asimov (1920-1992), que se preciaba de ser un mecanógrafo vertiginoso, no encontraba muchas novedades al cambiar el papel por la pantalla, salvo que le ahorraba el proceso de pasar a limpio. Y Gabriel García Márquez (1927-2014), entusiasta converso a la era digital, no cambió por ello el ritmo pausado y exigente que había caracterizado toda su producción literaria anterior.
En los últimos años, es indiscutible que el píxel se impone… aunque no del todo. María José Rucio Zamorano, jefa del Servicio de Manuscritos e Incunables de la Biblioteca Nacional de España, donde se guardan los archivos y documentos de varios autores contemporáneos, declara a MUY que continúan recibiendo abundante material manuscrito: “Muchos que escriben con ordenador usan con frecuencia los cuadernos, las notas, todo ese proceso creativo que no siempre surge delante de una pantalla. Ahí se hacen anotaciones o se plasma la primera idea de lo que será una futura novela”. Zamorano opina que eso será lo que nos va a quedar en formato de papel, y que “los manuscritos completos se han perdido, salvo quizá en el caso de la poesía”.
Conviene precisar que cuando escribimos lo hacemos con diversos propósitos, y ni nuestro cuerpo ni nuestro cerebro funcionan de la misma manera en cada ocasión. No es igual juntar información y plasmarla en un informe, un artículo periodístico o una tesis que copiar un texto o lanzarse abiertamente a crear sin más límites que los que ponga la imaginación. “Cuando copiamos, hay muy pocas partes del cerebro activas, mientras que en el momento de crear, generalmente vemos nuestros pensamientos. Las áreas visuales están muy presentes”, explica el doctor Tejero. A la hora de atrapar dichas imágenes es cuando el teclado le gana a la pluma: “Solemos recurrir a métodos más rápidos, como la escritura a máquina, para que la idea no se escape”, dice el experto.
Pero ¿qué perderíamos si no aprendiéramos a escribir a mano? Mari Carmen Such, vicepresidenta del Círculo Hispano Francés de Grafología y colaboradora de la Fundación Cuadernos Rubio, lo tiene claro: “Una formación completa debe aspirar a sumar habilidades, no a restarlas. Y la eliminación de la escritura manuscrita lleva consigo su involución y, por tanto, su atrofia. El ser humano manifiesta una serie de capacidades a través de ella”.

El simple placer de escribir
Uno de los ejemplos que pone Such es la toma de apuntes, en principio más rápida y literal con teclado: “Al ser más lenta, la escritura a mano obliga a seleccionar, a filtrar todo lo que el ponente está diciendo, y extraer lo fundamental”. La clave estribaría en complementar más que en excluir. “¿Desde cuándo hay calculadoras en el mercado? Y sin embargo, seguimos obligando a los niños a que estudien las tablas de multiplicar. Porque es fundamental que lo sepan para su día a día, para no estar pendientes de un aparato, para ser capaces, para su desarrollo intelectual, para todo”, afirma.
Por su parte, el doctor Tejero cree que la tarea de aprender a trazar letras es beneficiosa en sí misma: "Muchas cosas que hacemos con las manos son movimientos de precisión ejercitados cuando escribíamos y dibujábamos de pequeños. Podemos correr el riesgo de que el niño no entienda la relevancia del esfuerzo de hacer buena letra y practicar caligrafía, porque es muchísimo más fácil usar un ordenador. La comodidad nos va a llevar a que perdamos esa capacidad".
Hay un último aspecto de la escritura manuscrita que no debe olvidarse: el propio placer que da ejecutarla. Camilo José Cela, que escribió siempre a mano, declaró en una ocasión que cuando no se le ocurría nada garabateaba palabras sueltas, por el puro placer de hacer correr la pluma. Además de que nuestra letra es una expresión de la personalidad a la que renunciaríamos si empleáramos únicamente el teclado. 
¿Son motivos suficientes para conservar el hábito de escribir? Ya veremos; de momento, según Clayton, "hay dos cosas de las cuales podemos estar seguros: la primera, que no toda la anterior tecnología de la escritura va a desaparecer en los años venideros; y la segunda, que seguirán apareciendo nuevas herramientas: cada generación tendrá que replantearse lo que en su propia época significa leer y escribir".
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